Los futuros seminaristas deberían recibir una “formación absolutamente sólida” en el ministerio hospitalario, afirmó un sacerdote que trabaja como capellán en un hospital con pacientes de coronavirus COVID-19.

El P. Joe McNerney, que trabaja a tiempo completo en un centro médico de la Diócesis de Portsmouth (Inglaterra), dijo que antes de la crisis del COVID-19 la capellanía de atención médica era un ministerio a veces marginado.

“Creo que ahora estamos viendo la importancia absoluta de la capellanía en el hospital y cuán esencial es un ministerio, no solo durante este tiempo, sino incluso cuando esto pase, y que las personas en su capacitación en el seminario tengan una base absolutamente sólida como parte de su formación”, dijo el sacerdote a CNA –agencia en inglés del Grupo ACI–.

El P. McNerney, que ha trabajado en hospitales desde 1997, dijo que “toda la forma de hacer la capellanía ha cambiado enormemente” desde la pandemia.

Llevando medidas preventivas estrictas los capellanes se centran en estar junto a los pacientes “durante este tiempo muy, muy angustiante para ellos”, explicó.

“Piensas en estos pacientes y especialmente en los que están en las salas de COVID, donde lo único que ven son ojos. Todo lo demás está cubierto. Te das cuenta de cuánto te comunicas a través de tus expresiones faciales quién eres: La sonrisa, el brillo en tus ojos. Cualquier cosa para hacerles saber que te importan como persona. No eres un clínico que solo quiere entrar y hacer algo. Es lo mismo también para los médicos y las enfermeras. Están encontrando esa lucha porque es muy difícil comunicarse”, cuenta el presbítero.

El P. McNerney dijo que le llamó la atención lo importante que era para los pacientes poder sostener un Rosario o una pequeña cruz. Por ese motivo, pidió a los católicos locales que entregaran rosarios a las salas de los hospitales y estos respondieron “magníficamente”, aseguró.

“Es un gran consuelo tener algo en tus manos que te conecta con tu fe católica, con tu comunidad católica. Es muy, muy importante”, dijo el sacerdote.

Sin embargo, lamentó que “debido a la situación” no se puede “dar la comunión”. 

“Si un paciente está ventilado, no puede. Está fuera de discusión. El sacramento de los enfermos juega un papel importante, pero esa presencia permanente de algo tangible, un rosario o una cruz de sujeción, puede ofrecer un gran consuelo”, aseguró el sacerdote.

El P. McNerney, que nació en Seattle, Washington, y se mudó al Reino Unido a principios de la década de 1980, señaló que al comienzo de la pandemia a veces era difícil garantizar que los capellanes católicos tuvieran acceso a pacientes con coronavirus en los hospitales más grandes. No obstante, dijo que no había oído hablar de ningún caso en el que los católicos murieran por COVID-19 sin los sacramentos.

“No digo que no haya sucedido. No lo sé. Pero a veces tienes que ser inventivo en la forma en que ministras. Tienes que estar preparado para lo que yo llamo ‘liturgia a pie’. El sacramento de los enfermos, los últimos ritos, son muy importantes, pero debes adaptar la forma en que lo haces. Requiere un poco de inventiva”, dijo.

El padre hizo hincapié en que los fideicomisos del hospital veían a los capellanes como “absolutamente esenciales” y que la mayoría de los malentendidos eran causados por la presión de responder a una emergencia de salud nacional.

Él dijo: “No creo que sea algo deliberado. Mi experiencia es que están muy, muy, muy ocupados. Están luchando, tratando de hacer todo”.

“En nuestra inducción que hacemos con el personal, decimos que es bueno hacer una ‘evaluación de cuidado espiritual’. Bueno, eso no está en lo alto de su lista, sin que sea culpa suya. Están luchando con las cosas físicas”, reflexionó el presbítero.

Los comentarios del P. McNerney fueron repetidos por el P. Mark Elliott Smith, quien se ofreció como voluntario para servir como capellán en NHS Nightingale, el hospital de campaña de coronavirus de Londres.

Cuando se le preguntó si la Iglesia fue marginada durante la crisis, dijo: “Aquí, al menos, absolutamente no. De hecho, me parece que un sello distintivo de Nightingale es que se valora la contribución que puede hacer un capellán, y que se brinda atención espiritual, pastoral y sobre todo sacramental”.

“Agregaría que la Iglesia claramente querrá continuar defendiendo enérgicamente su presencia activa en momentos como estos, pero creo que la Iglesia seguirá haciendo esfuerzos innecesarios”, comentó.

El P. Elliott Smith dijo que estuvo de acuerdo “hasta cierto punto” con el llamado del P. McNerney para que todos los seminaristas sean entrenados a fondo en la capellanía del hospital.

“La reciente pandemia nos dice que nunca se puede saber qué hay a la vuelta de la esquina, pero me preocuparía, digamos, hacer grandes ajustes a la formación del seminario hasta que tengamos una perspectiva más amplia”, comentó.

Además, dijo que la Iglesia necesita evaluar el impacto de la suspensión de la Misa a nivel nacional y luego sacar conclusiones sobre los futuros sacerdotes y su formación.

“El sacerdocio es una vida intensamente práctica en muchos sentidos, pero lo que un sacerdote realmente hace fluye de quién es y ha sido formado para ser. Por supuesto, es bueno saber qué hace un capellán del hospital, pero si el sacerdote ha tenido una sólida formación sacerdotal y tiene un mínimo de sentido común, convertirse en capellán no debería contener demasiados temores”, aseguró.

 El P. Elliott Smith dijo que mientras servía a pacientes con coronavirus, se había reconfortado al rezar la Oración a San Miguel: “San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla”.

El P. McNerney dijo que se sintió sostenido durante toda la crisis por una oración de la Liturgia de las Horas: “Danos la paz perfecta, Señor, para que podamos deleitarnos en servirte todos los días de nuestra vida, y al final, con la ayuda de Nuestra Señora, ven a salvo a tu presencia”.

“Es una oración maravillosa, maravillosa”, añadió.

 Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en CNA.


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